“…debemos ser capaces de contar las historias de un mundo sin progreso.” (Dusan Kasic, 2024: 30)
La identidad, dice el antropólogo Fredrik Barth, es como un río. Muchos ríos, en la provincia de Buenos Aires, son marrones. Llevan consigo sedimentos, que no son otra cosa que memorias de aquello que ha pasado antes. Las identidades bonaerenses, como los ríos, son flujos de movimiento, son aguas que inundan y arrasan con las casas y las cosechas o aguas que bajan y dejan al descubierto las osamentas de seres extintos. Los cursos de los ríos han sido usados para trasladarse y también para desechar aquello que no se sabe dónde poner. Los ríos, como las identidades, son y han sido tan celebrados como olvidados, relucientes y turbios. A veces opacos, a veces transparentes. Pero son, insisto, memorias. Rastros de aquello que pasó, cauces de lo que acontece, señales de lo que vendrá.
Este es un escrito donde se navega por uno de los tantos ríos que atraviesan la provincia de Buenos Aires. Es un río, quizás, caprichoso. Quizás, imaginario. Trazado con la voluntad de algunas preguntas del presente, pero también con un deseo de futuro. Es un río que se nutre de muchas voces, territorios, semillas.
Nace de una vertiente que se pregunta por las semillas de hortalizas que crecen en la huerta de una escuela en Arturo Segui, pero también por aquellas personas que antes sembraron en el mismo territorio. Nace además de un interés por las mujeres en la historia agrícola y en la historia de la universidad. Un interés que pregunta por las identidades marginalizadas del presente. Empieza pequeño y va creciendo, mutando, produciendo nuevas preguntas. ¿Qué saberes han germinado en torno a las plantas en nuestro pasado y en nuestro presente? ¿Qué lugar ocupan las plantas como alimentos en la vida cotidiana? ¿Qué papel tiene la educación en la producción de esos lugares? ¿Qué espacios habitamos las mujeres y las disidencias en las genealogías que nos atraviesan como ríos? ¿Necesitamos nuevas palabras para nombrarnos, para contar nuestras historias, para imaginar nuestros futuros?
Las semillas de este recorrido darán lugar a plantas diversas. Todas forman parte de un cofre, de un tesoro múltiple guardado en la palma de la mano, listo para ser entregado al viento. O al río.
Así comienza este ensayo, que fue escrito para participar del concurso de ensayos Identidades Bonaerenses 2025. El mismo fue premiado con el primer lugar y si te interesa leerlo completo podés descargarlo en este enlace.

Lía Encalada recibe su diploma de Ingeniera Agrónoma, 1927.








